Un encuentro V.I.P., como lo llamó Antonio. Una semana sabática incursionando en cómo percibir de otra manera.

Un encuentro con la zozobra, el desespero, el no querer vivir, el desinterés, la mente atrapada en los pensamientos, en la necesidad de una toma de decisión de vida, la culpa colgando del pasado y asomando su fiera cabeza anclada en un futuro inexistente. El miedo anclado en el sin saber, sin sentido. La mente atrapada en el secreto de la mismísima culpa.

Un encuentro con el juicio, con la interpretación.

Comenzamos la aventura del encuentro, la apertura de la mente receptiva, el ir comprendiendo, saliendo del cascarón de víctima, del  bueno-malo, eso que atenaza la mente y la detiene en el juicio y la condena en una especie de muerte.

En los primeros días, la ruptura del cascarón del ego, una pequeña fisura, que fue suficiente para dejar pasar la luz de la conciencia (un darse cuenta) de que se está “viviendo en los pensamientos”, en el sistema egotista pasado-futuro-miedo-juicio-interpretación-culpa.

Desde esa pequeña fisura dimos el siguiente paso, el cual Antonio iba comprendiendo. En la mañana, caminatas, meditación y en algún momento la consulta, luego desayuno plan lectura y… retiro personal para la reflexión individual. En la noche, un video de Sergi Torres o  una meditación en audio o video con Jorge Lomar.

Con altibajos en esos días, con pequeños atisbos de poder comenzar a percibir de otra manera.  El ateo por convicción, tal  vez, sin esperanzas.

Al cuarto día lo “vio”. Luego de encuentros emocionales consigo mismo, con la lucha en su mente, con su bueno-malo, después de un ejercicio caminando en la playa, en el que de pronto surgió la forma de explicárselo de forma práctica, nos detuvimos a observar y pudo darse cuenta de ese bueno-malo que habitaba en él, al igual que la lucha, la tensión, el juicio y la culpa que estaban en su mente.

Después de dos horas de descanso hicimos la consulta profundizando en el sentir. De pronto, con los ojos cerrados experimentó El Sentir y “ver” como una luz vibrante de rayos salía de su pecho al lado del corazón, develando al frente un holograma, como él lo describe, o un torbellino dando vueltas.

Al pedirle que me lo describiera comentó: “Son pensamientos dando vueltas, conflictos, miedos, todos allí en ese círculo… En ese instante le dije: “Observa como la Conciencia está siendo consciente de esos pensamientos conflictos y luchas… Observa el espacio que se abrió en ti (un darse cuenta) consciente, otra manera de percibirte”… luego hubo un profundo silencio de acompañamiento y gratitud. La sonrisa se le dibujaba en su rostro.

Al otro día, en la noche salimos a la ciudad. Quería conocer Cartagena, pues Antonio vive en otra parte.

Al caminar por el malecón frente a la playa, a Antonio le llamo la atención dos carros  Van Volkswagen modelo 82 parqueados uno detrás de otro. Y a mí, me llamó la atención la persona que estaba de pie al lado de los carros hablando con unos turistas que ya se estaban despidiendo.

Nos acercamos. Teodoro, tiene 28 años, es alto, alrededor de 1.75 mts, piel blanca, ojos azules profundos y una sonrisa Inocente. Estaba bronceado por el sol.

Antonio estaba aprendiendo el permitirse dejar fluir a la vida misma o a la conciencia, la cual trae a las personas y experiencias para aprender, si estamos atentos a escuchar o a darnos cuenta. En ese instante, recordé el libro de Un Curso de Milagros, no se te dejará de enviar de quien tu necesites aprender ese día.

Le pregunté entonces a Teodoro por su maravilloso Volkswagen. Lo veía a la distancia, a dos metros, con una de las puertas laterales abierta, así  que su contenido, solo podría darse en la imaginación. Sin embargo, quien se fijó en cada detalle de lo que se alcanzaba a ver fue Antonio, que luego me contó de la estufa que colgaba en la puerta, de la cama, de la mini nevera, de la bicicleta en el techo, etc.

Le pregunté a Teodoro si estaba viajando y me dijo: “Estoy viajando hace un año por toda Suramérica, inicialmente con un amigo, ahora lo hago solo”. Le pregunté “¿y el otro Volkswagen?” Me respondió: “Ahhh, anoche entré a un supermercado a comprar algo y ella se me acercó al darse cuenta que yo era el del Volkswagen. Ella venía sola también con su Volkswagen, de viaje por Centro América y parte de Suramérica”. Hizo un pare, como una pequeña reflexión, bajó los ojos y continuó: “Si no se me hubiera dañado el motor de mi Volkswagen, por lo cual tuve un atraso en la ruta de mi viaje, no me hubiera encontrado ni conocido con esta persona”.

Le dije a Teodoro: “Todo se da perfecto, ¿verdad?”, mientras miraba a Antonio al mismo tiempo. Teodoro dijo que si.

Hablamos de sus experiencias en cada país, de la comunicación con su familia mínimo una vez a la semana, entre otros tantos temas. Al despedirnos le dije: “Tú vives en plena confianza en la Esencia de la Vida sabiendo que todo te será proveído, ¿cierto?”. Teodoro se sonrió y dijo: “Sí claro, vivo en el presente, dejando fluir y además de sentirme en total confianza con la Vida, vivo en gratitud, en agradecimiento”. Miré a Antonio, le sonreí a los dos y nos despedimos.

Habíamos caminado 10 pasos cuando Antonio se detuvo y me dijo: “Estos   minutos con Teodoro, resumieron toda la experiencia de esta semana.  Fue como si me hubiera dado una cachetada en cada lado de mi cara -con su mano hizo el gesto de un lado a otro hacia el viento-, es como si Teodoro me hubiese dicho ¡despierte!”… Sonreímos y seguimos caminando.

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