Lo primero que vi al abrir la habitación del hotel en Guadalajara, fue un árbol inmenso de mas de 100 años, quieto, silencioso frente a la ventana que daba a un jardín.

Estaba lloviendo así que solo lo miré por la ventana, a la espera de que escampara para acercarme.

He aprendido a fluir con el encuentro, es decir, con lo que la vida trae a cada instante, en el presente. A veces personas, en otras ocasiones situaciones, circunstancias, experiencias, animales, cosas. Experimento lo que traiga la gran pantalla -de la proyección-, aceptando lo que es, aprendiendo del encuentro…. Fluyendo, dejándome llevar.

Como me encanta ponerles nombres a las formas lo llame: “el árbol de la aceptación”. Seguía lloviendo, así que solo lo “sentí” a través de la puerta – ventana que cubría de pared a pared la habitación.

Al día siguiente en la madrugada salí a “encontrarme” con el árbol. Me senté, recostándome en su gran tronco, percibí su humedad; cerré los ojos, sintiendo su silencio, al mismo tiempo que el cantar de los pájaros, el sonido del motor de los vehículos al pasar, el movimiento del hotel que se despertaba…

Me dejé llevar por el silencio y la quietud profunda del instante presente, viví el encuentro, experimenté la “presencia” silenciosa del árbol: sus raíces, ramas y hojas que se movían con el suave viento de aquel amanecer. Ninguna oposición, solo quietud, silencio…  fluyendo.

“El árbol de la aceptación” es una lección que incluye el dejar ser. Él no se opone, no pretende, sabe de su fortaleza, es un silencio profundo donde se ancla.  Sí alguien lo corta, -a punta de hacha o alguna maquina especial- no se inmuta.  Su quietud y silencio son inmutables.   ¿Qué nos enseña?…  A aquietar la mente.

Y a la sombra de ésta bella lección de la naturaleza, te invito a que junto conmigo te sientes en tu “propio árbol”, en tú árbol mental… No es un árbol físico, no se trata de nada estático; es fluir, es dejarse llevar en una danza de aceptación de incluir, de no oponer resistencia alguna, abandonar el juicio.

Siéntate en tu árbol, aquiétate, descúbrete mas allá de las formas. Siéntete, incluye, permite que el silencio penetre en tu mente, suéltate, acompáñame.

Siente el profundo silencio que hay en ti cuando comienzas a ser consciente de esa puerta de la aceptación, vibrando en el instante presente.

 ¡Vamos juntos!

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Sección Exprésate

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