Ese “ yo” que sueña no sabe que está soñando; y no sabe que sus sueños son inocentes.

Ese pequeñito “yo” que sueña, sueña con el mundo de la culpa y el dolor, la lucha y la tristeza convencido que es un cuerpo-tiempo-muerte-Convencido que es un “yo”, sin darse cuenta que tal solo es una identificación con el sueño. Un sueño de imágenes transitorias.

Cuando ese “yo” empieza a intuir que sus pensamientos no son amorosos, no son de unicidad, no son de gratitud, no recuerda que es Espíritu .. El perdón no dual le susurra al oído: Hijo de Dios aquí estoy esperando que me aceptes, con dulzura, se que lo harás cuando dejes de jugar a la muerte que no existe.

Aquí estoy para recordarte que todo juego es un sueño y que es un juego inocente.

Aquí estoy esperando que me aceptes y me permitas acompañarte guiarte y escucharme en tu conciencia corazón donde resido en total inocencia.

Todo es inocente y lo que sueñas no tiene efectos , pues todo evento del sueño es neutro.

Soy el eslabón , el pensamiento que une en la ilusión del sueño y te recuerda que en la unión reside la salida del sueño de la muerte.

La gratitud aflora cuando eliges aceptarme vivenciarme y comprender la inocencia de ese sueño.

Un gracias, gracias, gracias que como unas campanas silenciosas suenan en todo el universo que se une a la inocencia.

Vamos juntos

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