Nos sentamos a meditar con el Grupo de Un Curso de Milagros que asiste todos los martes. Ese día, era un día de playa, un día de paseo .

Tenía en mis manos cerradas suavemente, un diminuto colibrí que acabada de encontrar en un escalón que conducía al jardín. Estaba completamente inmóvil.

Amo los colibrís, sus movimientos rápidos sostenidos en el aire con sus alas batiéndose a una velocidad maravillosa, sus colores y la ternura que inspiran.

Se los mostré a cada una de las asistentes al paseo, antes de dar comienzo a la meditación .

El colibrí permaneció en mis manos cerradas, quieto, inmóvil. La cabeza y el pico era lo único que se le veía. Me quede en silencio y en ese instante me acordé de esta bella frase “no se te dejara de enviar de quien tu necesites aprender ese día.”, así que espere, observe , y sentí sin ninguna expectativa .

Me quedé en silencio y dimos comienzo a la meditación que duró aproximadamente 40 minutos.
De pronto sentí un ligero movimiento y le dije a una de ellas, acompáñame por favor, voy a ir al jardín a abrir las manos ; toma una foto por si de pronto el colibrí alza el vuelo.

Salimos al jardín , y Cecy alistó la cámara del celular . En ese instante abrí mis manos suavemente y una sonrisa de gratitud se dibujó en nuestros rostros al sentir al colibrí alzando vuelo directo al encuentro con su libertad.

Me encantan los “encuentros”. Me sonrío cuando se suceden y en gratitud permito que me enseñen.

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