¿Te das cuenta que cuando te irritas o te enfureces, no es por lo que sucede, sino por cómo lo interpreta tu mente?  Por cómo lo juzga…  La culpa hace su arribo proyectando tu enfado en alguien o en algún objeto, olvidándote así de asumir tu verdadero sentir, de ir dentro de ti, permitiendo la experiencia del sentir, aceptando no en si lo que ocurre, sino lo que percibes, solo, frente a la experiencia sentida.  Es decir, tu sentir:  Rabia tristeza dolor, cualquier cosa.  Es el instante para poner toda tu atención en tu sentir, mirando adentro… Descansando en el silencio y envolviendo tu sentir en la aceptación de tu experiencia, de tu sentir puro, honesto. 

Al descansar en el silencio y permitir tu sentir a plenitud, el silencio mismo transforma tu sentir, lo “atraviesa”, lo diluye; y allí encuentras otra manera de percibir, más allá de la culpa.  Y al dejar de alimentar la culpa, tu mente queda en libertad. 

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